Una idiotez
Los algodones de azucar los comía de chico. Los comía porque me los compraban. Siempre he sido medio mamila con las comidas. No me gustaban porque luego como era medio cochinon para comer todo me babeaba y la azucar se me pegaba en las manos.
Con el tiempo, un poco más frio y objetivo, me di cuenta que los algodones de azucar en realidad ni siquiera se les puede llamar alimento. Es algo apantallante e ilusorio. Todo se deshace en la boca y ni siquiera lo puedes masticar.
Sin embargo, coincido que todo ello nos remonta a nuestra infancia, y yo preferiría mil veces volver a vivir esa vida feliz y despreocupada, embarrandome del azucar del algodón. Saludos azucarados y algodonosos.
jova



